26 feb. 2017

Paisajes IV

8.

Desde que era bien pequeña, estaba convencida de que tenía el poder físico, real, de volverme invisible, la capacidad fabulosa de pasar desapercibida. Me sentaba en las tardes de verano, después de la siesta, en los escalones del portal controlando la respiración, fase previa del estado de invisibilidad. Al rato descubría, no sin asombro, que todas las células de mi cuerpo se haban vuelto escalón y que era imposible que alguien notara mi presencia. Era uno de mis juegos favoritos. 




9.

Me gustaba escribir lo que soñaba nada más despertarme. Había tres sueños que se repetían con regularidad, y los esperaba con ansiedad cuando tardaban en llegar.


10.

En el cole o estabas en el bando ganador o formaban parte de los raros, los no integrados, los que no contaban. Era otra forma de invisibilidad.

Presidía el bando ganador desde hacía años Raquel, que tenia la simetria de la belleza y sabía aprovecharse de ella. Una mañana, al entrar en los baños, me estaba esperando con su grupo. Me dijo que quería llamar la atención del chico de moda. Dejándome humillar delante de toda la clase por ella, podría formar parte del grupo. Creo que no me pareció mal o quizás es que no tenía nada que perder, así que dejé que me diera una pequeña paliza postiza. La humillación fingida siempre se lleva mejor. 

Formé parte del grupo, aunque seguía siendo apocada,  distinta de las demás.  

Un silencio pertinaz y un aura melancólica me perseguía, marcaba las distancias y me  mantenía a salvo, alejada de los otros, los aburridos.

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