11 feb. 2017

Paisajes II

3.

Nos recuerdo como una tribu perdida, una mezcla deshilvanada  con padres extremeños, gallegos, cordobeses... Todos hijos de la distancia, de la búsqueda de un lugar mejor en un Madrid que acogía ríos de emigrantes. 
Mi abuela había llegado desde un pueblo perdido y seco de Badajoz, con sus cuatro hijos a cuestas, por desamor. Cuando encontró aquí a su marido fugado, descubrió que había rehecho su vida y que tenía una querida y ninguna gana de ocuparse de sus hijos.

4.

A ese abuelo perdido solo lo ví dos veces en mi vida. Un día, tendría yo unos ocho años, fuí a conocerlo con mi madre. Me dió varios billetes con rapidez, deseándo deshacerse de ellos, y desapareció. Yo pensé que tenía que ser rico. Lo volví a ver muchos años después, cuando se estaba muriendo, solo y apático, en un apartamento lacio que tenía en la calle Reina Victoria. Era un extraño, arrepentido, sin tiempo. Nunca me contaron su historia. 

5.

En sueños a veces veo las escaleras interminables de la calle en la que vivíamos. Las miro desde abajo, miro el acceso a una vida que ya no me pertenece, que se perdió al igual que la memoria de esos años. Solo me quedan retazos entre los dedos.

@Hilosylaberintos


                                                                  <texto e imagen @hilosylaberintos>

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