14 feb. 2017

Paisajes III

6.

A mi abuela la llamaban 'la Lali'. Solo sabía escribir su nombre, Eulalia,  y cuando tenía que firmar lo hacía despacio y afanándose mucho. Le salían una letras ganchudas y curvadas, muy bonitas. A la Lali le daban miedo las tormentas, de cuando era pequeña y recogía garbanzos en el campo y los rayos caían a plomo sobre el terregal. En casa nos hacía cerrar las ventanas, las puertas y apagar la tele para que no entrara ninguno. 

@hilosylaberintos


7.

Recuerdo a mi abuela haciendo ganchillo, tapetes y tapetes blancos donde reposaban jarritas, recuerdos de alguna localidad costera o despertadores. También hizo durante una temporada abanicos con hilo de nylon y con palitos de plástico, que luego vendía a las vecinas del barrio. Después de los abanicos llegó Avon a casa, y mi abuela les compraba jabones rosas, ovalados, que llenaba de palillos para transformarlos pacientemente en cestitas primorosas que se pusieron muy de moda. En todas las casas del barrio había una jabonera con forma de delicada mano blanca de Avon y una cestita de mi abuela.

8. 

Yo coleccionaba con nulo pragmatismo pegatinas de naranjas. Era una colección limitada ya que en esa época había poca variedad de fruta o de cualquier otra cosa. De pequeña buscaba lo diferente, una rendija en la cotidianidad que me permitiera escaparme de un espacio que no sentía propio. Las únicas fisuras que encontré fueron entre los huecos de los muebles de mi habitación. Seguía una rendija de sol y me colaba entre los cajones.


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